Corregir no es solo limpiar el texto de erratas y aplicar la norma lingüística. También es necesario hacerlo comprensible y adaptarlo al público al que va dirigido. Vamos, que sacamos el trapo y la fregona.

Imagen de Freepik

En una corrección de estilo, que no suele realizarse a la vez que la corrección ortotipográfica, se buscan:

  • Errores en el tono y el estilo. En un texto académico no pintan nada expresiones coloquiales, ni palabras o construcciones excesivamente complicadas en un cuento infantil.
  • Párrafos complejos y ambigüedades. Entorpecen la lectura y crean inseguridad en el lector. ¿Te molesta tener que leer una frase un par de veces para entenderla? ¿O tener la sensación de que te has perdido en la página de un libro?
  • Problemas de uniformidad. ¿Las fechas, los nombres de los personajes, las citas… siempre se escriben igual?
  • Falta de criterios tipográficos para los títulos, apartados, citas, notas al pie…

Este trabajo es complejo y casi un mano a mano entre quien escribe y quien corrige. El objetivo es que el texto brille y hable por sí solo, que lleve al lector de la mano, suavemente, sin sobresaltos.

Si aún tienes dudas, mira aquí.