Errores que debes corregir en tu novela mucho antes de que la lean los betas


Te has lanzado a escribir y ya has puesto el punto final. Y, ahora, ¿qué haces? ¿Se la mandas a tus lectores cero sin más? ¿La revisas un poquito para pulir algunos cabos sueltos? Yo te explico los errores que debes corregir en tu novela antes de que la lean los betas.

Lo primero de todo: deja pasar unas semanas antes de ponerte a revisar tu obra. Esto conseguirá que la veas con ojos nuevos y desapasionados. Un truco que funciona muy bien es cambiar la tipografía en la que la has escrito por una muy diferente. A veces es muy fácil engañar al cerebro.

Errores que debes corregir en tu novela.
Saca papel y boli y empieza a corregir
Saca papel y boli y comienza a corregir.
Imagen de KaramAydinov para Freepik.

¿La historia comienza donde y como debe?

Ya sabes todo eso de empezar con una frase potente, evocadora, definitiva, que marque el ritmo del relato, que haga que el lector se ponga derecho en el sillón. Pero ¿te has planteado si tu historia debe empezar en ese punto preciso de la trama o ganaría si retrocedes o te adelantas un poco?

En muchas ocasiones, cuando corrijo me doy cuenta de que el autor quiere poner al lector en antecedentes antes incluso de haber captado su atención y comienza en un punto muy alejado de la acción. Por ejemplo, contando toooodo lo que hace un alto mando del Ejército antes de encontrarse, páginas después, con el motivo de su visita a una base militar hipersecreta. Ponlo directamente delante de la ventana de la celda o en medio de una discusión con el teniente. Ya explicarás todo lo demás si es necesario (es posible que te des cuenta de que no, y borrar sea lo mejor).

¿Y termina donde es preciso?

Pues claro, ¿no? Igual no está tan claro. Es posible que ese párrafo que incluiste a última hora no sea la mejor idea de tu musa. Planteáte si es necesario que el cierre se sitúe precisamente en ese momento de la historia o si sería más conveniente un final más abierto o, incluso, un epílogo.

Que tus lectores cierren el libro (o el e-reader) en el estado de ánimo que pretendes es fundamental. Saber cómo acabar y hacerlo bien es poner la guinda del pastel.

Coherencia, por favor

Ahora que ya tienes todo el texto es el momento de comprobar que tus personajes son coherentes a lo largo de toda la novela (si no ha habido visita de por medio a la peluquería, no les cambies el color del pelo, por ejemplo) y que se corresponden con la documentación que decidiste utilizar en su momento (no hablará, se vestirá o se comportará igual un niño que un adulto, ni un soldado de los Tercios de Flandes será igual a un cabrero de una aldea perdida o a un joyero de la capital). Este es uno de los primeros errores que debes corregir.

Y lo mismo con la ambientación. No me hables de un país con un clima seco si la acción va a transcurrir en una selva ni introduzcas tecnologías imposibles para la época (sin explicar por qué). Si a ti te chirría, seguro que a tus lectores también.

Revisa todos los términos específicos que hayas utilizado y asegúrate de que son correctos en ese contexto y con esa acción. Y que los personajes hablan como tienen que hablar en todos sus parlamentos. No les cambies el carácter sin una razón poderosa.

Y ten mucho cuidado con los cambios. A veces, un detallito que modificamos aquí puede descabalar toda una trama, lo que me lleva a otro punto.

Cierra todas las puertas

Haz un pequeño resumen de cada capítulo y otro de cada trama y subtrama. Comprueba que las cierras con claridad y que se entrelazan como deben hacerlo.

Ojo. En mis correcciones muchas veces me encuentro con armas de Chéjov que no han sido desenfundadas.

«Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí».

Anton Chéjov

El dramaturgo ruso se refería a eliminar del texto todos aquellos elementos superfluos e innecesarios para la narración. ¿El objetivo? No engañar al lector haciendo que ponga su atención en objetos, sucesos… irrelevantes al final. Si haces que un personaje pose sus ojos en un tatuaje y se asombre, ese tatuaje tiene que desencadenar algo o ser importante para la acción más adelante.

Pero no debes confundirlo con un macguffing, término que se inventó el gran Alfred Hitchcock y empleó magistralmente en la película Los 39 escalones:

«La palabra procede de esta historia: Van dos hombres en un tren y uno de ellos le dice al otro: “¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?”. El otro contesta: “Ah, eso es un McGuffin”. El primero insiste: “¿Qué es un McGuffin?”, y su compañero de viaje le responde: “Un MacGuffin es un aparato para cazar leones en Escocia”. “Pero si en Escocia no hay leones”, le espeta el primer hombre. “Entonces eso de ahí no es un MacGuffin”, le responde el otro».

Alfred Hitchcok

Es decir, un macguffing es un elemento narrativo (un objeto, un concepto, una historia) que sirve únicamente para hacer avanzar la trama, para motivar a los personajes. No es decisivo en el relato y suele ser intecambiable por cualquier otro. Por ejemplo, el trineo Rosebud de Ciudadano Kane o el Santo Grial en Indiana Jones y la última cruzada.

Narradores que van y vienen

Tu historia la va a contar un narrador omnisciente que todo lo sabe, pero de repente, en mitad de un capítulo, pasas a un monólogo interior. Y luego vuelves a un narrador en tercera persona, pero esta vez es equisciente y solo se centra en un personaje. Y, a veces, hasta interpela directamente al lector. Cuando esto se hace al buen tuntún no funciona. Elige un tipo de narrador y sométete a él desde la primera hasta la última palabra.

Entonces, ¿no es posible usar distintos narradores? Sí, por supuesto que sí. Puedes introducir la multiperspectiva incorporando un diario, cartas, extractos de periódicos… (aquí y aquí te explico cómo hacerlo), alternando narradores o puntos de vista. Pero con cabeza. No juegues con tu lector. Puedes encontrar más información aquí.

En presente, en pasado o como me apetezca

Escribe desde el tiempo que le venga mejor a la historia. Pero no escribas un párrafo en pasado y acotes los diálogos en presente o alternes entre ellos sin sentido. El tiempo en el que se desarrolla la historia respecto al narrador importa. No implicamos igual al lector al contar unos hechos ya sucedidos y terminados (pasado) que si los vive a la vez que los protagonistas (presente). No podemos ofrecerle los mismos datos. Así que analiza bien tus tramas y cómo quieres presentárselas.

Contar o mostrar (o cómo dejar al lector con la mitad de la información)

Ambas opciones son perfectamente compatibles. Pero si solo cuentas, es decir, si te limitas a exponer los hechos, el texto será frío, vacío, insustancial. Lo que quieres es que deje un buen sabor de boca, que invite a continuar. Pues tienes que hacer que el lector SIENTA. Y eso se hace mostrando. Tus personajes tienen cinco sentidos por regla general (y si les falla o falta alguno, compensarán ese problema de alguna manera) y tu narrador puede (y debe) apoyarse en todos para trasmitir mejor lo que quiere contar. Dime cómo huele el lugar en el que se mueven, cómo suena el viento, a qué sabe, cómo eriza la piel.

Cuéntame cómo se colocan las personas en un escenario y muéstrame cómo se relacionan físicamente entre ellas. Soy un poquito obsesa del lenguaje no verbal y de la proxémica, y me gusta utilizarlo (y leer estas descripciones) porque aporta una información importantísima sobre los personajes. Si uno de ellos tiende a invadir el espacio personal de otro, siempre elige una silla de espaldas a la pared, cruza los brazos, se cubre la boca al hablar, sus pies no apuntan a su interlocutor o mimetiza sus acciones… lo estás dibujando en la mente del lector. Cada gesto, nuestra posición en el espacio, nos permite saber casi de forma intuitiva si una persona miente, se siente atraída por otra… Hay muchos libros sobre el tema que puedes consultar, pero La comunicación no verbal, de Flora Davis, es un clásico.

Porque sí, tus personajes pueden hacer mucho más que resoplar, pasar el brazo por los hombros de otro o poner los ojos en blanco (algo que, por más que lo escribas, yo nunca he visto en nadie que no sufra un ataque epiléptico).

Tu novela no se adecúa al lector que buscas

Es fácil caer en este error, sobre todo cuando tu objetivo es el público infantil o juvenil. Cierto es que las clasificaciones no sirven para todos los niños ni adolescentes (menos mal), pero si tu público objetivo tiene entre ocho y doce años (middle grade) tendrás que vigilar varias cuestiones que no te plantearías con un lector adolescente, young adult o adulto.

Cuida el estilo

Hay muchos errores que pueden hacer que tu texto no brille como debería: redundancias, palabras supérfluas, abundancia de adjetivos o de sustantivaciones, metáforas que no funcionan, problemas con el ritmo narrativo… En este post hice un repaso por todos ellos.

Y no te olvides de la ortotipografía

Repasa bien todos los diálogos para que las rayas y las acotaciones se correspondan con la norma. Pon las cursivas (u otros resaltes tipográficos) donde sean necesarios, acaba con las erratas y con las comas tiradas desde un quinto piso. Ten en cuenta que tus lectores beta te lo agradecerán (y tu correctora no tendrá que subir la tarifa al encontrarse con un horror entre las manos).


Como ves, en realidad lo que te estoy pidiendo es que veas tu novela con los ojos de un lector crítico, que dejes la silla de autor y te sientes en la de editor, que pongas el dedo sobre la tecla de suprimir de tu teclado y no te cortes. Uno de mis profesores de Redacción Periodística decía siempre que escribir consiste más en borrar que en encadenar frases.

Y cuando tus betas te devuelvan sus opiniones y anotaciones y hagas la correspondiente reescritura, entonces sí. Una vez que ese texto ya sea el definitivo, busca una correctora profesional para que pula los cantos y le dé brillo a tu novela. Escribir es siempre un trabajo en equipo que se hace a solas.


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